Las nuevas poblaciones Carolinas

Viaje en el tiempo a un proyecto de la ilustración

Recorrer la zona de las Nuevas Poblaciones es volver la mirada 200 años atrás para conocer un proyecto que nació al amparo de las nueva filosofía de la Ilustración y sus nuevas ideas del mundo, el hombre y la naturaleza. La colonización de Sierra Morena, que en el siglo XVIII pusieron en marcha un puñado de ilustrados, encabezados por el rey Carlos III y bajo la intendencia de Pablo de Olavide, fue uno de los proyectos reformadores de mayor envergadura en España y Europa. 

Este proyecto era toda una utopía en pleno Siglo de las Luces en el que se pretendió poner en funcionamiento una sociedad rural modelo, basada en núcleos igualitarios y fundada en el trabajo de la tierra como principal fuente de riqueza. Fue una gran empresa urbanizadora que contempló la creación de cuarenta y cuatro pueblos y once ciudades en lugares yermos de La Parrilla y Sierra Morena. Se pretendía tanto poblar y poner en cultivo zonas semidesérticas, como hacer más seguro el trayecto Cádiz-Madrid para viajeros y mercancías.

“Ignórese asimismo, cuantos trabajos, cuantas dificultades, cuantos caudales, finalmente, cuanto atrevimiento no fue necesario para decidirse a la heroicidad de una empresa sin ejemplo en Europa: sospecho que ni el mismo Gobierno percibió toda entera su grandiosidad”.
Pedro Polo de Alcocer
Intendente de las Nuevas Poblaciones en 1833.

Un territorio poblado y construido por colonos extranjeros

En 1767 llegaron los primeros colonos traídos por el aventurero bávaro Thürrieguel. Eran 6.000 alemanes y flamencos, así como algunos franceses y suizos. Hasta los capellanes eran alemanes y se comunicaban con sus feligreses en su lengua materna. La puesta en marcha de esta empresa no fue fácil: estuvo acompañada de un notable cúmulo de dificultades y desencantos. Viajeros, extranjeros y nacionales, se hicieron eco en sus notas de este nuevo asentamiento, de la belleza del enclave y el carácter de sus pobladores.
 
“Guarromán, pueblo que contiene cien familias, cada una de las cuales posee cincuenta fanegas de tierra. La mayor parte de los habitantes son alemanes, que por su industria y frugalidad, hacen honor a su patria”.
Towsend, en el viaje que realizó a España entre 1786 y 1787.

Una sociedad campesina ideal

El modelo de colonización pretendía implantar en esta zona una sociedad campesina ideal, de colonos extranjeros, dispersos en el territorio y a los que se facilitaba el acceso igualitario al usufructo de la tierra. Así, a las gentes provenientes de Alemania, Francia, Suiza y también de otras partes de España, se les dio una dotación igual, consistente en tierras, casa, utensilios, ganado, grano y ajuar. La idea era que cada uno de estos colonos pudiera ser autosuficiente, facilitándoles todo lo necesario para cultivar la tierra y vivir de su trabajo, si eran agricultores, o proporcionando herramientas y materiales en el caso de los artesanos. La puesta en marcha del proyecto no estuvo exenta de dificultades y desencantos (penurias, epidemias, enfermedades, enfrentamientos y conflictos...), con todo, el proyecto y la colonización ideada por Pablo de Olavide, poco a poco se fue haciendo realidad. Con el fin de regular los nuevos asentamientos se redactó la Instrucción y Fuero de Población, en el que se establecían los derechos y deberes de los colonos. Se pretendía una sociedad laica, señalándose la prohibición de establecer en las Nuevas Poblaciones conventos o comunidades religiosas, quedando esta atención a cargo del clero regular. Los colonos recibirían una formación elemental, para lo que se crearon escuelas.

Entre las obligaciones del colono estaban las de descuajar y desmontar el terreno, la colaboración en los trabajos de construcción, acopio de materiales, suministro, ayudar a la construcción de los equipamientos de carácter comunal y su posterior reparación y mantenimiento. La organización social se estableció por feligresías o concejos. Dentro de ellos había un párroco, un alcalde, un personero y un diputado-regidor por cada localidad. Todos estos cargos –excepto el párroco– eran electos con un mandato limitado en el tiempo.

Naturaleza y urbanismo

Pero la novedad de este proyecto no sólo estribaba en el nuevo modelo social que se proponía para estas localidades o en la nueva organización agraria, sino también en que se dibujaba un urbanismo totalmente diferente, regido por los ideales neoclásicos de Uniformidad, Simetría y Orden, y con el fin social de “buscar la total felicidad del reino” y la de “los amados vasallos”. Fue una revolución: se ordenaba un territorio, el de Sierra Morena, de acuerdo a un plan preconcebido, se creaban pueblos y aldeas con diseños urbanísticos importados de Europa, unos trazados que, aún hoy, siguen  sorprendiendo por su elegancia y equilibrio. El territorio se dividió en núcleos principales, feligresías de las que dependían las aldeas, las cuales tenían como finalidad acercar al campesino a su tierra.

Para el diseño de estas Nuevas Poblaciones, Olavide contó con ingenieros como Casimiro Isaba y Simón Desnau, que ejecutaron la empresa urbanística con gran precisión. La base de este urbanismo fueron las viviendas de los colonos que eran muy uniformes. En cada uno de los núcleos principales se levantó una iglesia, un pósito, la casa del Concejo, una escuela elemental y, en algunos de ellos, cárcel. Son los elementos que hoy conforman el corazón de cada uno de los pueblos que le invitamos a ver.

La capital de las Nuevas poblaciones fue La Carolina (con las aldeas de Isabela y Fernandina) y el resto de feligresías de Sierra Morena fueron:

    •     Navas de Tolosa: Aldea de la Fuente del Rey, Aldea del Camino de Vílches.
    •     Santa Elena: Venta Nueva, Miranda, Magaña, Aldea Nueva, Corredera y Collado Jardines.
    •     Aldeaquemada: Aldea de Buenos Aires y Aldea del Camino de Santa Cruz.
    •     Arquillos: Porrosillo.
    •     Montizón: Aldeahermosa, Lugar y Venta de los Santos.
    •     Carboneros: Aldea del Acebuchar, Aldea de la Mesa, Aldea de los Cuellos, y Aldea Escolástica.
    •     Guarromán: Aldea de Arellano, Aldea de los Ríos y Aldea de la Torre de Martín Malo.

Personajes históricos

Pablo Antonio de Olavide y Jáuregui (1725-1803). Político, jurista y escritor nacido en Lima, a quien el rey Carlos III nombró superintendente para dirigir la puesta en marcha de la empresa colonizadora de Sierra Morena.
Carlos III. Rey de España desde 1759 a 1788, su reinado fue el más característico del llamado despotismo ilustrado. Inició distintos programas de reforma social, política y económica. Uno de ellos fue el de Las Nuevas Poblaciones.
Juan Gaspar de Thürriegel. Nació en Gosserdorf en 1722. Fue el encargado de enviar los colonos a Sierra Morena. Por cada una de las personas que incorporaba cobraba 360 reales de vellón.

El urbanismo de las nuevas poblaciones

Aldeaquemada

El urbanismo actual de Aldeaquemada sigue fiel a su fundación en tiempos de Carlos III, marcado por los citados principios neoclásicos de regularidad, simetría y orden. Sus calles dibujan una malla ortogonal que rememora el esquema de campamento romano y que tiene como protagonista la uniformidad regular de su caserío rural. De este trazado sobresale la plaza cuadrangular donde se sitúa la Iglesia de la Inmaculada, ejemplo del modelo implantado en las Nuevas Poblaciones, y a sus lados la Casa del Comandante y la Casa del Cura (modelo que se repite en el resto de núcleos de las Nuevas Poblaciones). Cierra este espacio el Pósito con las típicas casas de los colonos en todo el resto de la plaza. De su fundación no solo se conserva arquitectura y urbanismo, sino también tradiciones y un gran número de apellidos, como Font, Masdemont, Wizner, Guiza, Wignot, Barnés, Lietor, Risotto, que revelan el origen del asentamiento. Desde Aldeaquemada puede desplazarse para conocer dos aldeas creadas en el proyecto de Nuevas Poblaciones: Aldea de Buenos Aires y Aldea del Camino de Santa Cruz.

Santa Elena

Santa Elena tiene el característico urbanismo colonizador de Sierra Morena, un entramado reticular, como trazado a cordel. El elemento más destacado es la plaza, un amplio espacio rectangular, abierto a calles por cada uno de sus lados. En las calles predominan las perspectivas axiales y sus casas tienen las mismas alturas y proporciones. En la plaza se sitúan los edificios más emblemáticos: el pósito de diezmos y labradores, el ayuntamiento y la iglesia, que siguen los modelos de las nuevas poblaciones. Esta nueva fundación se realizó en torno a una antigua ermita, la de Santa Elena, que tiene su origen en uno de los acontecimientos más destacado, la batalla de las Navas de Tolosa, en la que el califa Al-Nasir, con su inmenso ejército almohade, estableció su campamento en Santa Elena. La gran batalla tuvo lugar el 17 de julio de 1212, con la victoria del ejército de Alfonso VIII sobre los almohades. En Santa Elena se levantó una Iglesia para custodiar la Cruz a la que se atribuyó el milagro de la victoria de las tropas cristianas, y que fue del arzobispo de Toledo don Rodrigo Jiménez de Rada. 

La victoria de las tropas cristianas se conoce con el nombre de “Triunfo de la Santa Cruz”, y ningún nombre mejor para bautizar esta iglesia que el de Santa Elena, madre del emperador Constantino, y que tan vinculada estuvo al símbolo cristiano. La nueva población tomó el nombre de la Iglesia, aunque debido al estado de ruina de la misma, en 1793, reinando Carlos IV, la mandó demoler y edificar sobre ella otra nueva de tipo colonial.

La Carolina

La Carolina, localidad que acabó por asumir la capitalidad de las Nuevas Poblaciones, nació en torno a un convento de carmelitas llamado “La Peñuela”, del que tomó su nombre la población hasta que fue cambiado en honor de Carlos III. El convento, fundado en 1573 y refundado en el s. XVII, que contó con visitas y estancias de San Juan de la Cruz, fue adquirido por Pablo de Olavide para establecer la sede de su Intendencia. La Carolina está considerada como el mejor y más completo ejemplo de urbanismo español de la época de la Ilustración. Un plano en cuadrícula, con grandes perspectivas y ejes axiales, salpicado con plazas circulares, rectangulares y poligonales, incorporando todos los recursos y avances del urbanismo barroco y neoclásico. En la capital de las Nuevas Poblaciones se creó toda una escenografía urbana, con perspectivas largas e ilimitadas, o bien que confluyen en un elemento arquitectónico o urbano singular. 

Como capitalidad y sede del superintendente se levantaron numerosas obras de interés público: palacio, iglesia, concejo, cárcel, hospital, jardines. La racionalidad del proyecto se intensifica con la uniformidad estilística de las fachadas de las viviendas, con jardines  delanteros que, por su ubicación, configuran un cambio de anchura y perspectivas. En este escenario urbano destacan la variedad y originalidad de plazas. Entre estas, la plaza octogonal, la primera que se construyó en España, las dos plazas elípticas rodeadas de arquitectura doméstica de tiempos de la colonización o la plaza hexagonal, para la celebración de corridas de toros.

Los ejes principales que marcaron la fundación fueron: el que se dirige desde el paseo del Molino de Viento, donde se sitúan los dos monolitos de la fundación, hasta el Palacio del Intendente y la iglesia; y el perpendicular a éste, marcado por la Plaza de las Delicias-calle Madrid-Plaza del Ayuntamiento. La capitalidad de La Carolina, en el conjunto de las Nuevas Poblaciones, tendrá sus repercusiones desde el punto de vista productivo y económico. El propio Olavide centró sus esfuerzos en convertirla en uno de los centros más industriosos y activos del reinado de Carlos III. En 1775 existían fábricas de paños, seda, albornoces y barraganas, una fábrica de loza, dos de sombreros, etc. Proceso que se acompañó de un resurgimiento de la actividad minera en la zona en el último cuarto del s. XVIII y que tuvo su cenit en el primer cuarto del s. XX.

Carboneros

Carboneros presenta uno de los diseños más interesantes de las Nuevas Poblaciones, con el clásico trazado ortogonal, presidido por una singular plaza elíptica, formada por la incurvación de la calle principal. La plaza está presidida por la iglesia y el pósito de labradores. Carboneros tiene una de las iglesias más monumentales de las Nuevas Poblaciones, con fachada de magnífica sillería, bajo los patrones del neoclasicismo de la época. A los lados hay dos casas destinadas a los poderes civil y religioso. En frente de la iglesia se sitúa el pósito que, con una sencilla portada, cierra el otro lateral de la plaza (este edificio ha sido rehabilitado y hoy es una biblioteca pública). Dependientes de Carboneros se crearon varias aldeas: El Acebuchar, La Mesa y Los Cuellos, cuya finalidad era la de acercar al campesino a su tierra. Unas aldeas construidas sobre un trazado preestablecido bajo los preceptos clasicistas de simetría y orden. Y si a los habitantes de Carboneros les preguntan por sus apellidos, se sorprenderán por los numerosos y variados que son, correspondientes a los primeros colonos y que aún se mantienen en esta localidad: Ahufinger, Yegler, Pringman, Cobler, Avi, Ibac, Filipp, Ming, Basmer, Nelf, Feter, Walter, Smit, Laud, Trunser, Cun, Divols, Grau, Risoto, Teclesmayer, Perger, Matiaces, Mesbailer, Sailer.

Guarromán

Según la tradición, Pablo de Olavide tenía predilección por este lugar, al que quiso llamar Muzquía (en honor a don Miguel Muzqui, que ocupaba la Secretaría de Estado y despacho universal de hacienda), pero finalmente acepto el de “Río de los Granados”, como era conocido, colocándole a una de sus aldeas el apellido de su esposa Isabel, “de los Ríos” (Aldea de los Ríos). La elección del emplazamiento de Guarromán estuvo motivada por la preexistencia en este camino de la llamada Venta de Guarromán. Guarromán conserva en su casco urbano las huellas del urbanismo de la ilustración, un diseño en cuadrícula con las manzanas de casas ordenadas según un orden geométrico. El edificio más emblemático, la iglesia, jerarquiza el trazado urbano, precedida por una amplia plaza, en la que se conservan ejemplos de la arquitectura doméstica de la época. El Pósito de Labradores fue construido en 1789 por los maestros mayores de las obras de las Nuevas Poblaciones, Silvestre Gómez y Jacinto de Garaña. De planta cuadrada, está dividido en dos naves por una arquería central de ladrillo, estabilizado por tirantas de madera. Fue rehabilitado en 1987 como biblioteca pública.

En este municipio quedan numerosos apellidos heredados de los primeros colonos como: Degen, Mitelbrun, Fischer, Gos, Smit, Nef, Wasmer, Laula. Otros se conservan con algunas variantes, como Morher, que ha pasado a Moret, Amburg a Ambú, Eberle a Hervele, Mortiz a Morís, Bornich a Bornique, Klespies a Cleppi, Laub a Laup o Monblanc a Momblanc. En el caso de Guarromán, las aldeas fundadas fueron: Aldea de los Ríos, Martín Malo y Aldea del Altico. Poco después se añadió la del Rumblar, hoy conocida por Zocueca.

Arquillos

Además de conocer uno de los municipios de las Nuevas Poblaciones, Arquillos, considerado la Puerta del Condado, le ofrece la posibilidad de visitar la mencionada comarca jiennense. Esta población, que a lo lejos aparece rodeada de olivos, es otra de las nuevas poblaciones en la que destacan sus variadas plazas, bien cuidadas, y su trazado rectilíneo. En la plaza de la Inmaculada se encuentran la iglesia del XVIII y el ayuntamiento (situado sobre la antigua cárcel y casa del comandante). La otra plaza es la de Carlos III, donde se ubican varios edificios de la época fundacional, como la Posada del siglo XVIII. En frente queda la Plaza del Reloj, con una altiva torre dieciochesca que marca inalterable el paso del tiempo.

Montizón

En el siglo XVIII, esta zona de dehesa, conocida como “Barranco Ondo”, fue elegida para fundar uno de los núcleos de las Nuevas Poblaciones. De ahí que, la actual configuración urbana y paisajística de Montizón, tenga la impronta de los pueblos de Colonización fundados en 1767, bajo el patrocinio de Carlos III y la dirección del intendente Pablo de Olavide, dentro del programa de las Nuevas Poblaciones. Montizón se creó como cabeza de feligresía con dos aldeas: Aldeahermosa, a unos 3 Km. al sur, y Venta de Santos, a 2 Km. al norte. En los tres núcleos puede conocer el urbanismo de las Nuevas Poblaciones y disfrutar de la tranquilidad. Al pasear por Montizón, comprobamos que su urbanismo se basa en una sencilla retícula ortogonal, con calles rectilíneas que conforman perfectas manzanas cuadradas de casas; la plaza es el elemento principal, en el que se sitúa la iglesia del XVIII, que sigue el modelo de la fundación.